El furtivismo estaba diezmando la población de tortugas baule, golfina, prieta y carey que anidan en la zona. Además del robo de sus huevos para alimentarse, también se las captura para venderlas en los mercados. De nada servía la veda total impuesta por el Gobierno salvadoreño en 2009. Ayuda en Acción, que ya venía trabajando en la zona en programas de desarrollo, ideó un plan para, salvando las tortugas, ayudar también a la población local.
Con la ayuda de la Fundación Biodiversidad, la ONG diseñó un programa de sensibilización de la población sobre la necesidad de conservar las tortugas. Levantaron tres corrales en la playa donde los lugareños debían cuidar de hasta 150.000 huevos.

